La traducción imposible de hoy es una nueva muestra de la dificultad que entraña trasladar al castellano (o a cualquier otra lengua que no sea su inglés original) las obras del reverendo Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll. Si en el último caso que expuse era Jaime de Ojeda quien batía el cobre tratando de adaptar un juego de palabras basado en una paronimia en uno de los pasajes de Alicia en el País de las Maravillas, el que me dispongo a tratar pertenece a mi propia cosecha, concretamente a mi trabajo en Silvia y Bruno para la editorial Akal. Lo cierto es que de este libro, un gran desconocido incluso para los amantes confesos de Carroll, podría sacar decenas por no decir cientos de traducciones imposibles (más o menos conseguidas), pero quiero centrarme esta vez en una de la que salí bastante airoso gracias a un curioso paralelismo fortuito entre la lengua de origen y la de destino.

Pongámonos en situación: el «profesor», un sabio pero excéntrico inventor que se encarga de instruir a Silvia y Bruno (los dos hermanos que protagonizan este relato fantástico) en el palacio de Exotilandia, acaba de presentar a los niños al «otro profesor», un colega erudito que se pasa la mayor parte del tiempo «enfrascado» en la lectura de interesantísimos volúmenes (durmiendo, en realidad). Una vez que han logrado despertar al otro profesor, y después de que este recite un extenso poema que expone las diferencias entre «conveniente» e «inconveniente», se produce una divertida escena:

El otro profesor observó a Bruno con cierta preocupación.
—La criaturita debería irse a la cama de una vez —dijo con aire autoritario.
—¿Por qué de una vez? —preguntó el profesor.
—Porque no puede irse de dos veces —respondió el otro profesor.
El profesor aplaudió con suavidad.
—¿No es asombroso? —le dijo a Silvia—. Nadie más habría dado con la razón, tan rápido. ¡Pues claro que no puede irse de dos veces! Que lo partieran por la mitad le dolería.
Aquel comentario despertó a Bruno, súbita y completamente.
—No quiero que me padtan —dijo con rotundidad.
—Se ve muy bien en un diagrama —apuntó el otro profesor—. Podría mostrártelo enseguida, pero hay que sacarle un poco de punta a la tiza.
—¡Tenga cuidado! —exclamó Silvia con preocupación, pues el otro profesor se había puesto a afilarla de un modo bastante torpe—. ¡Si sujeta así el cuchillo, se rebanará el dedo!
—¿Si se lo codta, me lo podería dad, pod favod? —agregó Bruno con gesto pensativo.
—Es algo así —dijo el otro profesor, dibujando aprisa una larga línea sobre la pizarra, y escribiendo las letras «A» y «B» en los dos extremos, y una «C» en el medio—: deja que te lo explique. Si hubiera que partir un AB en dos por el centro o C anotado…
—Se ahogaría —dictó Bruno con seguridad.
El otro profesor emitió un grito ahogado.
—¿Qué se ahogaría?
—¡Pues el pajarito, que va a sed! —respondió Bruno—. ¡Y los dos pedazos se hundirían en el centdo del océano!

¿A qué se debe la ocurrencia de Bruno? ¿De qué pajarito habla? Para entender al niño hay que leer (escuchar, más bien) con atención la frase que dice el otro profesor: «Si hubiera que partir un AB en dos por el centro o C anotado…»; frase que suena igual que «Si hubiera que partir un ave por el centro océano-tado…». El inocente Bruno malinterpreta las palabras del otro profesor, y donde hay un segmento de recta con tres puntos señalados ¡él ve un pobre pajarito partido en dos que se ahoga en mitad del océano!

Sí, soy consciente de que mi juego de palabras resulta, siendo generosos, un poco forzado, pero fue el mejor que pude encontrar para traducir el original, que rezaba: If AB were to be divided in two parts at C—. En él, el animalito que Bruno cree que se va a ahogar en el mar (at C, esto es, at sea) es una abeja (a bee, cuya pronunciación en inglés es idéntica a la de las letras AB juntas). Yo vi enseguida la afortunada casualidad de que, en español, AB suena igual que «ave», de modo que solo restaba encontrar solución a la segunda parte del juego de palabras, lo cual no fue tan fácil, obviamente. La que he mencionado más arriba fue la mejor opción de traducción que vi, pese a ese «-tado» sobrante que, con la indulgencia del lector, Bruno ignora tranquilamente.

A modo de guinda, podemos señalar también el chiste al comienzo del texto: irse «de una vez» frente a irse «de dos veces», una adaptación del pun ideado por Carroll, que juega con at once y luego at twice. Once: una vez; twice: dos veces. At once, en cambio, es un modismo que significa «ahora mismo» o «inmediatamente». En mi traducción, no obstante, tuve que cambiar ligeramente el sentido del texto a fin de conservar el juego de palabras.

¿Se os ocurren traducciones imposibles alternativas para los dos casos de este artículo? Si es así, os animo a compartir vuestras ideas en los comentarios.

Silvia y Bruno