residuoscubiertaResiduos (Remainder) fue el debut novelístico del escritor y artista británico Tom McCarthy, publicado por primera vez en 2005 por la pequeña editorial experimental Metronome Press tras haber sufrido el rechazo de muchas otras casas del sector desde que su autor terminara de escribirlo en 2001. Las críticas entusiastas recibidas por el libro en dicha primera edición posibilitaron que fuera reeditado poco después por editoriales mayores (Alma Books en el Reino Unido y Vintage en los EE. UU.) que lo impulsaron a las listas de best-sellers en lengua inglesa. Desde entonces, su fama no ha hecho más que crecer, con premios literarios, traducciones en catorce idiomas e incluso un proyecto de adaptación cinematográfica en marcha. En nuestro país, la novela está disponible gracias a Lengua de Trapo, que la publicó originalmente en 2007 y relanzó en 2011 dentro de su colección Quinceporquince, con traducción de Andrea Vidal Escabí.

La novela cuenta la historia de un joven londinense a partir del momento en que este sufre un accidente mientras camina un buen día por la calle: algo le cae encima desde el cielo y le golpea en la cabeza provocándole un coma que, una vez abandonado, se lleva consigo su movilidad y su memoria. Tras pasar varios meses de rehabilitación en el hospital, recupera lo primero y parte de lo segundo, y recibe asimismo, por mediación de su abogado, una fabulosa indemnización de ocho millones y medio de libras de manos de los responsables de su accidente, a condición de que no divulgue ni comente con nadie la naturaleza ni los detalles del mismo (los cuales, de todos modos, el protagonista se ve incapaz de recordar).

Así pues, este último sale del hospital con una cuenta corriente de siete cifras, pero también con secuelas que no se reducen a una mera amnesia parcial: la rehabilitación le ha obligado a reaprender los procesos motores de su cuerpo (que todos adquirimos de manera inconsciente y natural a lo largo de la infancia), pero comprendiéndolos antes, analizando minuciosamente cada componente del movimiento a fin de ejecutarlos correctamente. Esta fijación por el control, por diseccionar los fenómenos y asimilar sus más mínimos elementos constituyentes se instala en su mente y pasa a ser una obsesión que dominará su vida postraumática. La conciencia de este hecho origina en el protagonista una terrible infelicidad, pues le hace sentirse artificial, un remedo de ser humano. Recobrar esa «autenticidad», ese estado natural previo al accidente, se convierte entonces en su único objetivo.

Un recuerdo que le asalta como una epifanía mientras se encuentra en una fiesta en casa de un conocido le convence de qué debe hacer con el dinero de la multimillonaria indemnización del accidente. Compra un edificio entero y contrata a una empresa de logística para que le ayude a reformarlo y «recrear» dentro de él su recuerdo, con objeto de poder revivirlo una y otra vez, diseccionarlo como un cadáver y, en último término, llegar a comprender qué era lo que le hacía sentirse en aquel entonces natural, genuino. Un plantel de actores («recreadores») dirigidos por él le ayudarán en la tarea, representando continuamente las mismas escenas en un loop sin fin. La sensación de «autenticidad» que experimenta con ello le motiva para hacer lo mismo posteriormente con otros episodios, extraídos primero de sus propias vivencias, y más tarde de sucesos que tienen lugar a su alrededor, de carácter cada vez más y más violento.

Tom McCarthy

Tom McCarthy

Al igual que el deportista entrena y ensaya repetidamente los mismos movimientos hasta ejecutarlos sin pensar, de forma inconsciente e intuitiva, así quiere el protagonista de Residuos desprenderse de su necesidad de analizar y comprender la realidad de su vida y el mundo que le rodea. No obstante, esa sensación de autenticidad, de ser uno con el universo, ese éxtasis místico, no se produce más que durante breves instantes en cada recreación, lo cual le deja siempre insatisfecho, en busca del siguiente atisbo del infinito. «Recrear» la realidad se convertirá así para el protagonista de la novela en una verdadera adicción que le consumirá de tal manera que acabará por anteponerla a cualquier consideración, incluso de tipo moral. Asistimos a cómo, en su intento por recuperar lo que él considera la «naturalidad» de la existencia, el anónimo narrador termina por des-naturalizarse como ser humano, convertido en una criatura impulsiva y desprovista de empatía que trata inexorablemente de detener el tiempo, de extraer de su flujo pequeños pedazos de realidad —residuos— que al ser recreados o revividos continuamente le permitan alcanzar la eternidad, fundirse con ella.

Residuos es una novela hipnótica, como un péndulo que oscila ante nuestros ojos y nos atrapa con cada vaivén de su recorrido: McCarthy nos hace contemplar el mundo desde un prisma muy particular y original —si bien distorsionado— y nos mueve a reflexión acerca de la naturaleza cíclica de las obsesiones humanas, la vida y ciertos aspectos del universo. Se trata, en suma, de un libro fascinante y muy recomendable para quienes buscan en la literatura nuevas perspectivas de la existencia.