El Sr. y la Sra. Unguentine se casaron por teléfono, unidos en santo matrimonio a través de un cable tendido sobre el lecho marino y por un cura que obligó a la contrayente a sustituir todos sus nombres de soltera por el único tratamiento arriba mencionado. Ese es el punto de partida de Log of the S. S. The Mrs. Unguentine, una novela breve de Stanley Crawford (n. 1937), un escritor norteamericano bastante interesante, si bien poco prolífico y además prácticamente desconocido en España. Entre sus trabajos figuran cuatro novelas, una sátira en forma de manual de instrucciones, tres ensayos y diversos artículos para publicaciones como The New York Times o The Los Angeles Times. Ninguno de ellos ha servido para que diera el salto al mainstream literario, algo que tampoco creo que figure entre sus metas, en cualquier caso. Es uno más de tantos escritores que escribe por necesidad espiritual, por el deseo de contar historias y pensamientos, sean propios o no. Sirva esta reseña, pues, para dar a conocer esta «Bitácora del vapor de hélice La Sra. Unguentine», quizá su obra más popular entre los aficionados a la literatura de corte poco convencional.

log_unguentineEn ella, la narradora que aparece mencionada en el título realiza un breve resumen a modo de diario de los cuarenta años que pasa a solas con su marido a bordo de una nave que ha sido bautizada oficiosamente con su nombre, en una significativa identificación entre vehículo y pasajera: no por nada el Sr. Unguentine marca el rumbo de ambas con mano firme. La embarcación constituye un escenario con identidad propia; una identidad cambiante, por otro lado, pues experimenta varias transformaciones bastante radicales: comienza siendo una gabarra de vapor corriente de las que se usan en algunos puertos para trasladar basuras; después, su tripulante y su pasajera la convierten en un edén flotante, con plantas y animales de diversas especies que cohabitan con ellos; a continuación, cierran el jardín con una cúpula haciendo de él un inmenso invernadero, que posteriormente quedará reconvertido en un bosque artificial con árboles de metal y plástico. Pero al final, la naturaleza terminará por reclamar para sí la embarcación, al verse esta cubierta nuevamente por una vegetación silvestre y exuberante. La gabarra La Sra. Unguentine constituye, por todo esto, un espejo que refleja los cambios interiores que van produciéndose en sus dos ocupantes.

Unguentine, hombre impasible e incapaz de expresar abiertamente sus sentimientos, transforma el navío en un templo para la diosa a la que adora y venera: su esposa; un templo que es al mismo tiempo una jaula sin barrotes. El hombre atraca cada vez con menos frecuencia, navegando sin descanso durante años enteros, hasta que decide no tocar tierra nunca más; y no bastando con eso, cada vez que avistan una costa, le propina brutales palizas a su mujer, dominado por el alcohol y, tal vez, por un miedo a perderla que oculta y reprime dentro de sí.

El tiempo pasa, los Unguentine reforman y reparan una y otra vez su hogar, tienen un hijo y, de vez en cuando, celebran alguna ocasión especial. Mas la Sra. Unguentine considera su vida terriblemente monótona y opresiva y ansía que algo cambie, lo que sea, de un modo u otro. Cosa que ocurre por fin cuando su marido un buen día desaparece… ¿Acaso se ha tirado al mar, o ha resbalado y caído por la borda estando ebrio? Ella nunca llega a saberlo, pero cuando por fin se cree libre de su influencia —aunque también se vea impotente para gobernar el barco, convertido a esas alturas en una auténtica isla—, la presencia invisible de Unguentine vuelve para atormentarla, hasta que al fin este se manifiesta de manera grotesca.

En la reedición de Dalkey de 2008 que he tenido ocasión de leer, la novela (que fue publicada por primera vez en 1972 por Alfred A. Knopf) consta de unas 100 páginas repartidas en diez capítulos más un «postfacio» de cinco páginas del escritor Ben Marcus, quien comenta sucintamente el libro. Llama la atención el modo en que el autor decidió ir incrementando de manera casi progresiva la extensión de los capítulos: 1, 1, 1, 3, 12, 11, 15, 16, 15 y 17 páginas respectivamente. Tal y como yo lo interpreto, ello podría responder a un deseo de reflejar cómo, con el paso de los años, el tiempo a bordo de La Sra. Unguentine da la impresión de ralentizarse (o, visto de otro modo, dilatarse), debido a la rutina y el aislamiento gradual que vive la pareja.

Los cuatro primeros capítulos —los más breves— son en esencia una presentación de los dos protagonistas y su trágica historia de amor y odio, junto con un repaso muy sintético de sus primeros quince o veinte años de vida en común, durante los cuales recorren el mundo de puerto en puerto, primero como contrabandistas, luego como organizadores de bacanales y después adaptando su nave a otras diversas y numerosas ocupaciones, hasta que adquieren fama en todo el globo. Pasado ese tiempo, Unguentine decide aislarse en el mar y no volver a tierra (pues la odia), etapa que se describe en los restantes capítulos, cada vez más amplios y densos. El último de ellos, el más extenso, describe el largo periodo durante el que la Sra. Unguentine vive sola y a la deriva en la gabarra tras la desaparición de su marido: un periodo vacío pero sereno, de reencuentro consigo misma. Hasta el momento del fatídico clímax final.

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Stanley Crawford

En mi opinión, el principal valor de esta obra de Stanley Crawford reside en su originalidad, al mezclar dos temas tan dispares como la vida conyugal y la fantasía (porque a pesar del halo de cotidianeidad con que el autor envuelve su historia, cuesta dar credibilidad a que una pareja pueda crear un ecosistema flotante a bordo de una gabarra de vapor, y no digamos ya otros sucesos más extraños o surrealistas que les acontecen). No sería descabellado incluso, como apunta Ben Marcus en el «postfacio», encuadrar Log of… en la ciencia ficción, ya que hace lo mismo que muchas de las obras más serias del género: tomar un tema o preocupación de nuestro tiempo y trasladarlo a un entorno extraño y ajeno donde podamos contemplarlo y analizarlo con perspectiva, para más tarde establecer las analogías pertinentes.

Ese tema o preocupación central es aquí la infelicidad de la vida en pareja cuando no existe comunicación ni entendimiento entre las personas que la forman y, a pesar de ello, la soledad que comparten los impele a mantener la convivencia. Otros podrían ver en el relato un estudio de una situación de maltrato físico y psicológico dentro del matrimonio, con un marido dominante que mantiene secuestrada y aislada a su mujer. Caben diversas interpretaciones, pero, reitero, el principal atractivo de la historia es que su carácter doméstico, íntimo, se escenifica en un entorno extraño y exótico que evoca el jardín del Edén bíblico, con el Sr. y la Sra. Unguentine en el papel de Adán y Eva.

La habilidad del autor para retratar psicológicamente a sus personajes (aunque peque un poco de melodramático) y describirnos la vida de estos a bordo de su «paraíso» particular, con sus miserias y maravillas, resulta asimismo notable y constituye otro mérito a tener en cuenta. Hay otros aspectos del libro, sin embargo, que no me han gustado tanto, como el estilo algo denso y recargado con el que está escrito, o la escasa trascendencia de ciertos sucesos, como la llegada del hijo que los Unguentine tienen a bordo o la cuestión del alcoholismo de Unguentine y las palizas a su mujer, los cuales apenas reciben atención más allá de un par de menciones.

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Esta novela corta presenta una historia curiosa, atípica y en algunos momentos inquietante. Pese a lo idílico y romántico que pueda sonar navegar durante toda la vida a bordo de una especie de jardín del Edén flotante con la única compañía de la persona a la que amas, el relato de Crawford nos muestra que hay que tener cuidado con lo que se desea, especialmente si tu amado no es como pensabas en un principio o tu amor no es correspondido como te gustaría. En el fondo, es una parábola que advierte de lo solo que uno puede llegar a sentirse en compañía de ciertas personas.

 

Nota: Por si algún lector interesado desea hacerse con esta obra en nuestro idioma, Ediciones Lanzallamas, un pequeño sello costarricense, sacó una edición en español en julio del año pasado. Puede adquirirse por Internet a través de su página web, Amazon.com o Book Depository, entre otros portales.